Huapango de Moncayo: el segundo himno nacional que nació del folclor mexicano
¿Has sentido ese escalofrío de orgullo al escuchar una melodía mexicana durante algún festejo nacional? ¿O qué tal en el extranjero? Seguramente sí.
Y una de esas melodías es sin duda “Huapango”. Ya sea en un teatro, en una explanada, en una feria o en la calle, cuando suenan los acordes de “Huapango” de José Pablo Moncayo, se nos pone la piel chinita.
Huapango, es una pieza alegre y festiva que suena a nosotros, nos levanta el espíritu y nos atrapa como mexicanos. Pero ¿cuál es la historia detrás de su creación? Prepárate para un viaje al México de los 1940, entre anécdotas poco conocidas y el contexto cultural que vio nacer a esta joya musical que muchos consideran un segundo Himno Nacional.

México en los años 40: el auge del nacionalismo
El Huapango de Moncayo se estrenó 1941. Habían pasado apenas veinte años de la Revolución Mexicana, y el país buscaba consolidar, transmitir y arraigar una identidad nacional. En esta década, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, (considerados los tres grandes muralistas de México), plasmaban en sus obras la historia, el pueblo y las raíces de México, mientras artistas como Frida Kahlo, María Izquierdo y Dr. Atl expresaban a través de sus pinturas el alma profunda y colorida del país.
Mientras esto sucedía en el ámbito pictórico, José Pablo Moncayo, junto con Silvestre Revueltas y Carlos Chavez, lo hacían desde la música, a través de ritmos y sones populares.
En aquellos años había un gran movimiento impulsado por el gobierno para rescatar el folcor en todo el país. Surgieron conjuntos de mariachi en la radio y en el cine mientras que en el sur resonaba la marimba. Era el momento ideal para que naciera una obra como “Huapango”: un puente entre la tradición vernácula y la orquesta sinfónica.
Un encargo especial: del fandango a la orquesta
Carlos Chavez, maestro de José Pablo Moncayo y conocedor del gran talento de su alumno, le encomendó viajar a Veracruz para estudiar la música de la región. Ahí, Moncayo descubrió la fiesta del fandango, que es un verdadero festejo lleno de alegría basado en los sones jarochos, donde la música es en vivo, los versos se improvisan y se zapatea sobre una tarima de madera.
Con esta inmersión en la música veracruzana como punto de partida, Moncayo comenzó a componer una pieza orquestal única, donde mezcló la base de los sones con nuevos instrumentos, como la trompeta y el trombón, buscando representar el canto alternado de los versadores jarochos. Incorporó además arpa y violines para recrear el sonido rítmico y ágil de las jaranas (esos instrumentos veracruzanos que parecen guitarras pequeñas), así como percusiones, que evocan el ritmo del zapateado sobre la tarima. El resultado fue una pieza majestuosa, vibrante, llena de matices festivos y pasajes reflexivos, que transformó los sones jarochos en una fiesta musical orquestal, y que transmite con cada nota la riqueza cultural, el colorido, la alegría y esa fuerza con la que el pueblo mexicano convierte la vida —y hasta la muerte— en celebración.

El estreno de Huapango: nace una obra emblemática
Moncayo terminó de componer Huapango a los 29 años de edad. La pieza lleva por título simplemente Huapango –sin más adjetivos–, en referencia directa al género musical folclórico. Cabe señalar que “huapango” proviene del náhuatl cuauhpanco, que significa “sobre la tarima”, en alusión a la plataforma donde se baila el zapateado.
El estreno mundial de Huapango tuvo lugar la noche del 15 de agosto de 1941, en la sala principal del Palacio de Bellas Artes. La obra está construida sobre tres sones veracruzanos: El Siquisirí, El Balajú y El Gavilancito y dura aproximadamente 10 minutos (poco más, o poco menos dependiendo del director de orquesta).
La respuesta del público fue entusiasta: al terminar el último acorde –con el metal y la percusión retumbando–, los aplausos confirmaron el triunfo absoluto de Huapango.

Un legado musical que enorgullece a México
Poco después de su estreno, Huapango se convirtió en una pieza infaltable del repertorio nacional. Durante la década de los cuarenta, se utilizó como tema de entrada del programa dominical gubernamental La Hora Nacional, y poco a poco pasó de escucharse únicamente en las salas de concierto para llegar a todos los hogares mexicanos a través de la radio. El tiempo no hizo más que consolidar y transmitir a nuevas generaciones la importancia del Huapango como símbolo de identidad mexicana. En los años noventa formó parte de la emblemática publicidad de la cerveza Corona, donde majestuosos paisajes de México desfilaban al ritmo del Huapango.
El legendario Mariachi Vargas de Tecalitlán, en su álbum En Concierto de 1989, popularizó una adaptación al formato tradicional de mariachi, con trompetas, violines, arpa y vihuela, llevando el Huapango a escenarios populares.
El Ballet Folklórico de México, dirigido por Amalia Hernández, convirtió esta pieza en una animada coreografía para su Gala del 60 Aniversario en el Auditorio Nacional en enero de 2013 y en su función por el 70 aniversario en el Palacio de Bellas Artes en septiembre de 2022.

Asimismo, la directora de orquesta Alondra de la Parra ha hecho del Huapango una de sus interpretaciones más emblemáticas. Lo ha dirigido en escenarios memorables, como el festejo del Bicentenario en el Ángel de la Independencia el 15 de Septiembre de 2010. Alondra de la Parra ha expresado que esta obra sintetiza como pocas el espíritu festivo, poderoso y profundamente emocional del pueblo mexicano. Su versión, cargada de energía, precisión y orgullo nacional, ha acercado esta obra a nuevas generaciones dentro y fuera del país.
No por nada, muchos mexicanos comenzaron a llamarlo “el segundo Himno Nacional”, un apodo cariñoso que comparte con la tradicional Marcha de Zacatecas.
Y bueno, es así como el Huapango de Moncayo se consolidó como ícono de la identidad mexicana. No importa si se interpreta en el Palacio de Bellas Artes, en un zócalo provinciano, o en el extranjero frente a un público que quizá nunca ha pisado México: esta pieza tiene el poder de transportar el alma mexicana a cualquier rincón del mundo donde es interpretada.
“Huapango” le habla al alma de México. Sus notas nos recuerdan de dónde venimos: de pueblos que cantan y bailan en comunidad, de raíces indígenas y españolas entrelazadas, de la alegría resiliente que caracteriza a nuestra gente. Por eso, cuando su música llena el aire, sentimos a México en el corazón.
Al final del día, José Pablo Moncayo logró con su Huapango algo que pocos artistas alcanzan: crear una obra que el pueblo hizo suya. Escuchar el Huapango de Moncayo es celebrar a México, es reconocernos en su música y sentir, por unos minutos, que todo el país baila en un mismo latido.
Datos interesantes de José Pablo Moncayo:
- José Pablo Moncayo provenía de orígenes humildes: su padre, carpintero, recibió un clavecín como pago por un trabajo, y así despertó el interés musical del niño.
- El nombre oficial de la obra es simplemente “Huapango”; popularmente se le añade “de Moncayo” para distinguirla de otros huapangos.
- Moncayo fue un montañista aficionado que escalaba el Popocatépetl, el Iztaccíhuatl y el Pico de Orizaba, diciendo que buscaba plasmar la grandeza de los paisajes mexicanos en sus composiciones. Quizá por eso, al escuchar el Huapango, podemos imaginar montañas, ríos y pueblos llenos de vida en cada compás.
- El maestro Moncayo falleció joven, en 1958, con apenas 45 años, víctima de una enfermedad cardíaca.
¡Que viva México en su música!
Muchas gracias por compartir con nosotros la pasión por México